Cosa que el mar no tiene.
Metí la mano en el agua.
La esperanza me mantiene.
Pedro González. Poeta Gomero.
El camino de regreso era largo, pero más largo se hizo para poder pasar ante este monumento, pararnos con tranquilidad y observar su cima a través del humo de un tabaco.
Las notas musicales acompañaban la mirada y recorrían la pared y su entorno. Majestuoso, incólume, viendo pasar el tiempo y lo que el hombre destroza.
Saludando a las nubes, oteando el horizonte, mirando más allá del mar.
Venerado en una época y protegido de la maldad y la avaricia de unos pocos en otra.
El monumento natural de los Roques está situado en la zona central (aproximadamente) de la isla de la Gomera: Ojilla, Carmona, Zarcita, Las Lajas y Agando sobresalen del resto. Confluyen en ellos distintas zonas de protección debido a su interés. Pitón fonolítico; se forman cuando la lava asciende por un conducto volcánico solidificándose y taponándolo. Así adopta esa forma característica. El paso de los años hace que las capas mas blandas vayan desapareciendo quedando la roca compacta al descubierto. El Agando concretamente tiene 1250 metros de altura y unos 5 millones de años. En sus paredes y alrededores crecen algunos endemismos, bellezas naturales, que solo aquí se pueden observar.
Los antiguos pobladores de la Gomera le daban un carácter místico, encontrándose en él aras de sacrificio, de estructuras muy simples, siendo éstas objeto de expolio por parte de una asociación alemana dedicada, según ellos, a la investigación.
El conjunto de Roques guardan una relación entre si, deducido por los vestigios encontrados, sus características y la privilegiada zona donde se encuentran.
Protegerlos y preservarlos es labor de todos, no solo de las instituciones.
Dispuestos a disparar la pequeña cámara, es imposible captar el alma en una fotografía, hay que sentarse en su regazo y escucharle hablar, sentir su respiración entre el mar de nubes, oírle llorar por lo sufrido.
La primera ascensión documentada al parecer fue por los austriacos Wallmann y Burtlmeler en el 67. Y la primera cordada Canaria estaba liderada por César Tejedor un año después. Desconociéndose intentos anteriores.
Actualmente la escalada en sus paredes esta muy controlada y solo se permite en cierta zona y baja condiciones muy estrictas, para intentar preservar este orgullo del pueblo Gomero y de toda Canarias.
Una vez que lo has sentido palpitar, su presencia se vuelve amiga, su olor fragancia, su piel terciopelo.
Protegerlo, cuidarlo y mimarlos es labor de todos y todos debemos ser guardianes de su custodia, estando siempre alerta para evitar que desalmados intenten dañarlo como ya ha ocurrido.
Este monumento vivo representa el alma de muchos amantes de la montaña, ser su guardián es más una obligación que un mero formulismo.
Sentir sus paredes en un minuto de silencio eterno. Imaginar a los antiguos en sus faldas o cosquilleando en su cima. Sudor derramado para zigzagear por su lomo. Habrá que rezarle al brezo porque una cima no es nada sin las paredes que la acompañan.