Es aquello que te hace olvidar, todo o casi, todo. Es un limbo donde la mente descansa. Así que tocó despeje y para ello nada mejor que Félix Méndez.
Concretamente, por el espolón justo al lado del camino.
Nombre, pues la verdad es que… graduación ¡pues! Será un V.
Cuando lo mire, lo pondré.
La vía es bastante sencilla con dos largos hasta llegar a la cima, una vez allí veremos una chapa donde habrá que montar algún tinglado para asegurar “un fisco” y hacer una pequeña trepada, hasta la cima “real”.
La roca esta muy descompuesta y hay que estar con cuarenta ojos por si se viene abajo algún tonique.
La tortuga mayor, subió sin dificultad su largo, pero yo temblaba como una caña de bambú, viendo que el seguro que estaba cuatro metros por debajo de mí, que encima era un C3, no aguantaría el peso del bolso de mi madre. Menos mal que la trepada no tiene mayor historia.
Esto en el “argot” montañero se llama clavo psicológico. Es decir, chápalo, pero no lo muevas mucho que se cae.
Si no tienes más nada rueda por la cuerda y le da al que te está asegurando.
Después de tan ardua tarea llego el momento del atracón, el
cigarrito y la charla.
Esta vía esta muy bien para pasar el sábado, sin mucha historia, con buenas vistas desde la cima y si agobios de gente, además se hace rapidita.
La próxima vez la repetimos vestidos de magos.
Es un reto personal que nos hemos impuesto.








