lunes, 18 de julio de 2016

Aires sureños

Aires sureños en las alturas de nuestro Parque.

Camino serpenteante que nos aproxima a conocer nuevas paredes donde disfrutar de nuestros cacharros que en algunas líneas se dejan querer más que en otras, las levas de los friend grandes se acoplan en las anchas fisuras, hay que ir con tiento, pero la roca se deja arañar por nuestras ansias.

45m de altura dejan buen sabor de boca mientras el calor también se va alzando a la par que nosotros, pero seguimos…subimos, celebramos y a caminar al pie de vía y volvemos, bajamos, subimos y bajamos, subimos y bajamos ¿serán suficientes…? 

Aún queda el regreso, así que nos despedimos con el aroma de la retama frente a un día espléndido.

Repetiremos

Atrás quedaron la fula, el pez verde, el tamboril, será la pasta echa con amor? Jiji


Tortuga

lunes, 11 de julio de 2016

Nieblas de mañana, sombras de tarde.

Haciendo camino por esos barrancos, observando las tres agujas del pino Canario, probando líneas vírgenes de muchedumbre, nos acercamos más y más a la tranquilidad que la calma da.





jueves, 9 de junio de 2016

El Maharajá Chino. Voytek Kurtyka. II


Mirando un poco hacia atrás, comentamos nuestra curiosidad sobre los últimos Piolet de Oro y siguiendo en esa línea, al tiempo que sucumbimos a “Escaladores por la libertad” de Bernadette Mcdonald, también lo hicimos por éste otro El Maharajá Chino de Voytek Kurtyka.
Kurtyka nos invita a viajar, pero a su interior, para mostrarnos a tumba abierta como se suele decir, sus deseos, sus miedos, sus anhelos, todo ello dando forma a una vía y a un tipo de escalada concreto, el solo integral.
El protagonista nos disecciona su alma y sus pensamientos cambiando de registro como si de universos paralelos se tratase. Salpicado de vivencias y  de realidades tanto como de temores nos hace participes de un viaje a su interior.
Como muy bien se especifica en su contraportada no es la típica descripción de la vía con sus agarres, sus pasos claves y sus zonas de descanso. En este caso va más allá ahondando en su yo interior, su paz truncada por el extraño e incontrolable deseo de ascenderla y su miedo a no poder, a caer, además de analizar su entorno y la influencia que este le provoca, todo ello combinado con pinceladas de realidad cotidiana.
Un poco más denso a la hora de leer que el anteriormente comentado (Escaladores por la libertad) hay que saber zambullirse en los pensamientos de Voytek donde usando como hilo conductor una vía de escalada situada en una escuela polaca conocida popularmente como “Bolecho” se enfrenta a su pasión y muchas veces a su obsesión, todo ello cual guion de cine.

Penetrar en las causas de nuestras pasiones y en los riesgos y consecuencias que pueden acarrear es un ejercicio sano, pero complicado. Voytek intenta desnudarse así mismo para poder ascender ligero como el viento.

martes, 24 de mayo de 2016

Me la apunto. Fisura






A veces una encuentra una línea que le habla, que quiere charlar con caricias, de volver al encuentro entre “los amigos” y sacarles el partido adecuado sabiendo elegir desde el suelo cuál no y cuál sí, y entonces un arnés se carga de ellos, pequeños pocos, medianos varios, y sé que hasta el azul puede valer y como en el Oeste, me enfundo el cargamento que iré repartiendo por su mueca vertical, disfrutando de mis dedos retorcidos unos encima de otros, de una espalda en contraposición, de una fisura donde las manos se hacen puños firmes, concentrados y disfrutados, con unos pies curvados donde el dolor acaba cuando llegas al suelo, pero eso es después, mientras tanto, me encaramo por ese surco que me envenena de sabia dulce para llegar al final con la boca seca.

Hermosa hasta para verla sentada.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Escaladores de la Libertad I

 Hace poco hemos leído “Escaladores de la libertad” la edad de oro del himalayismo polaco de Bernadette Mcdonald.
 Picados en nuestra curiosidad por un artículo sobre los Piolet de Oro, decidimos buscar algo para leer sobre uno de los agraciados y las pesquisas nos llevaron, entre otros a éste libro, que por decirlo de alguna manera y cito textualmente según reza en su contraportada cuenta  la historia de un grupo de extraordinarios alpinistas polacos, como son Jerzy Kukuczka, Voytek Kurtyka, Wanda Rutkiewicz, Krzystof Wielicki, Andrzej Zawanda, Artur Hajzer y algunos más.
Todo un clásico en la literatura  de montaña, escrito de una forma amena y de fácil lectura, donde  podemos encontrar infinidad de anécdotas de sus protagonistas, aunque también nos hace, un análisis de situación de su país de origen. Polonia arrasada por la segunda  Guerra  Mundial para luego ser engullida por el Telón de Acero y su hermetismo a todos los niveles presenta una amalgama de circunstancias  que moldea el carácter de un pueblo que al igual que muchos otros, lucha por sobrevivir, sobreponerse e intentar avanzar.
Los montañeros que se forjaron durante esta época, ansiosos y motivados por alcanzar las cumbres más altas de la tierra escribieron sus nombres en las cumbres y las rutas más famosas del planeta, como dijo Reinhold Messner “estaban hambrientos y muy muy fuertes”.
Escribir sus logros es tarea ardua, mejor leer el libro que además lo narra estupendamente,  pero algunas de ellas a día de hoy y según los expertos en la materia, continúan siendo tal vez de las mejores actividades realizadas.
Krzysztof Wielick primero en coronar el Everest en invierno, Wanda Rutkiewicz considerada la mejor alpinista del siglo XX, Voytek Kurtyka pionero del estilo alpino en grandes paredes y montañas del Himalaya, leyenda viva, Jerzy Kukuczka considerado de los mejores alpinistas de todos los tiempos. Todo esto son solo muestras de unas vidas dedicadas íntegramente a una pasión que a gran parte de ellos les costó la vida porque no la entendían si no era en esas grandes montañas, luchando muchas veces no solo con los problemas inherentes de estas expediciones sino con la falta de medios y el hermetismo de su país.
El libro salpicado de infinidad de historias no da tregua al aburrimiento  además de procurarnos asombro y respeto por esta gente cuya pasión los llevo al límite.



jueves, 10 de marzo de 2016

David Lama. El Cerro Torre, lo imposible y yo.

Hacía tiempo que no llegaba a nuestras manos un libro de montaña,  de hecho, tenemos el blog algo abandonado, “cosas que pasan”. Gracias a un buen amigo como casi siempre, un día, en uno de esos aparcamientos de dios nos dijo ¡mira! este es el libro, está muy bien! Así que ante esa propuesta no pudimos resistirnos.
Habíamos leído algo en su momento sobre la escalada al Cerro Torre en libre y  toda la controversia que se generó a su alrededor, que si pusieron, que si quitaron anclajes etc., etc., así que apetecía leer algo de primera mano por uno de sus mayores protagonistas.
El libro es sencillo, directo y de muy muy fácil lectura. El argumento también sencillo, cuenta la historia de David Lama en su deseo de escalar el Cerro Torre en libre y cómo afrontó este gran reto que él mismo se imponía, los problemas, dudas, fallos e incluso su cambio en cuanto a la concepción de algunas, muchas o pocas, ideas sobre escalada.
Su reto concretamente está basado en la liberación de la vía Compressor de Cesare Maestre.
Allá por el 59, Cesare Maestri y Toni Egger se supone que consiguieron escalar la legendaria aguja de granito en el sur de la Patagonia. Y se “supone” porque Toni Egger, el compañero de Maestri pereció alcanzado por una avalancha mientras buscaba una de las cuerdas fijas para el descenso  y con él, se perdió la foto de cumbre que llevaba en su mochila.  En 1968 una cordada quiso repetir la vía y al parecer la descripción de Cesare no coincidía con lo vivido por esta cordada, luego un poco más tarde, en 1970 y por otra ruta, otra cordada italiana tuvo que dar la vuelta a 250 metros de cumbre y ya planteaban la duda sobre el logro de Maestri. El follón empezaba a fraguarse.
Maestri anuncio que volvería al Torre y esta vez abriría por su cara más difícil en vez de repetir la supuesta vía ya abierta. En junio de 1970 Cesari  alquiló un helicóptero, lo cargo con el material necesario y se volvió a embarcar en la aventura. Entre su material también llevaba un compresor de gasolina cortesía de una empresa italiana Atlas Copco. Este le permitió agujerear la pared en sus secciones más difíciles para incrustar clavos y así abrirse camino, no obstante y después de 54 días tuvieron que abandonar, aunque volverían; el 2 de diciembre de 1970 a las cuatro y media de la tarde concluyó su vía, comenzando así, uno de los mayores debates en cuanto a escalada se refiere, debido a la utilización masiva de anclajes.
El libro nos narra la aventura de David Lama liberando esta preciosa aguja patagónica, su motivación, los problemas con los que tuvo que lidiar, acusaciones por la utilización de más anclajes para su equipo de rodaje, su cambio de mentalidad, sus intentos hasta conseguir su objetivo, etc. Toda la historia o imaginamos que gran parte de ella, vista por los ojos de este escalador de padre nepalí y madre austríaca nacido en 1990 que como muchos otros  un día se propuso un reto.

Ahora sólo queda ver la peli grabada por uno de sus patrocinadores, sobre esta aventura.

domingo, 7 de febrero de 2016

A la tercera va la vencida, dicen, o tal vez la quinta.

En ese norte, donde el mar golpea sin piedad la costa, se atisban líneas de disfrute singular, con la idiosincrasia habitual de estos parajes.





El camino serpentea para salvar el desnivel y dejarnos a pie de vía. Luego solo queda elegir según nuestro criterio y habilidad que líneas serán nuestro campo de batalla particular, nuestro pequeño duelo con la roca. El mar será testigo mudo de la lucha y seguramente nuestro asegurador cual escudero velará por nosotros en la medida de sus posibilidades.
 
Un puñado de vías recorre el acantilado el cual al pie de un sinuoso sendero recorre parte de la costa. Atrás queda alguna escalera de metal e incluso una piscina vacía recuerdos imaginamos, de tiempos de mayor gloria o simplemente de otra mentalidad para ver el mar y disfrutar de lo que nos pudo dar.

Nosotros nos acercamos con intensiones honestas, sin ánimo de abarcar lo que mucho se aprieta. Un par de líneas conseguimos subir, disfrutando de las huellas que la erosión deja, además la belleza del lugar está garantizada y el disfrute también.


Nos fuimos agradeciendo a quienes posible hicieron nuestro día en el borde del acantilado.





Seguro que volveremos porque el lugar lo merece y siempre quedan batallas pendientes.